viernes, 15 de octubre de 2010

No hablo porque tú me comes las palabras

a Gabriela.
Un cuentito

Nunca supe cuál era el momento perfecto para decirle te quiero a una chica. O el momento para darle un beso. Cuando se debía decir: te quiero yo: hacía cosquillas. Cuando tenías que darle una rosa yo daba una: maseta. Creo que no aprenderé sobre el ser un romántico nunca. Soy pésimo. Pero sigo soltero. Tengo ya veinte años y nunca he logrado tener una enamorada haciendo que sea algo en serio. He tenido de más chibolo pero esas no se cuentan ya que ni pico te das. Pero ya hace buen tiempo que me interesaba la idea de tener una enamorada; ya algo serio. Estoy estudiando derecho y trabajando en la empresa de mi papá. No hago nada y gano un huevo. Sólo tengo que firmar unos papeles y listo. Quería invitar a salir a una chica. Esa idea la tenía dando vueltas por mi casa hace ya, mucho tiempo. Estaba ganando bien y era necesario a una chica en mi vida. Hace unos meses salí con una chica:Sofía. Era guapa y graciosa/burlona. Hubo un momento que le tuve que decir_ Sofía, lo siento pero no puedo. Ya no sé qué tanto te doy risa. Eres linda pero ya me cansé de ser maltratado_ La chica parecía no importarle. Nunca más la vi. Hasta ahora no la veo. Segurísimo que si la veo, se burla de mí. Pero ya no sé qué hacer para conseguir la chica indicada.

Justo hace unos días caminos por unas calles de San Isidro me dí con la grata sorpresa de encontrarme con un afiche del cual decía: Las chicas buenas van al cielo, las chicas malas a donde ellas quieran. Me puse a pensar y debieron aumentar, también, que las chicas malas, a veces, van donde tú las lleves. En mi caso nunca fue así. Eran dos opciones: o no las llevaba a ningún lado o ellas me llevaban. Pero para ser más concisos con la que es la segunda opción fue cuando tenía 18 años recién cumplidos y me rompí la cabeza en casa de una tía. Es por eso que digo que las mujeres (mi tía) me han llevado dónde ellas han querido y yo necesitado. Qué desastre soy…

Han pasado ya dos días de mi última cita. Salí con Alejandra. Es fea pero muy buena gente. La pasé muy bien en la cena y después no. No la pasé bien ya que la comida me asentó muy mal y tenía una diarrea maldita. Tan fuerte que tuve que contratar a un taxi para que la deje en su casa ya que yo no podía dejar el inodoro. Iba a ser muy difícil para mí salir si que no se me caiga una gota de excremento en versión verde y líquida.
No sé qué diablos me ocurrió ese día. La verdad es para no recordarlo. Pero pobre chica. Se traumó; la traumé. Felizmente, no se lo contó a nadie. No dijo nada a nadie. Buena la chica. Te juro que por minutos, en ese instante, pensé en ir a su casa al día siguiente a amenazarla para que no diga nada. Me imaginaba yendo con una pistola y dos matones negros atrás. Todo fue en vano. Alejandra no dijo nada.

Reminiscencia a Emilia. Una chica que parecía algo serio pero dejó de serlo. Algo que cuando estaba por llegar a la cumbre resbaló y cayó a lo más hondo de todo. A lo más profundo; tanto así que mi mano no llegaba a alcanzarla y tuve que dar un paso al costado e irme. Emilia era rubia. Muy guapa, muy linda y dulce. Escuchaba todo tipo de música y era una chica open mind. A mis padres les caía bien y es que en verdad, era súper.

Recuerdo cuando la conocí yo fui a su casa en mi pijama. Ese día no me había bañado y fácil olía mal. Entré a su casa y me eché en una cama. No sabía de quién chucha era, yo me eché. Estaba cansado. Fui un conchudo prendí el Televisor y me puse a ver Fútbol peruano. Ella me miraba de reojo y mis amigos me miraban horrible Querían matarme. Cuando nos íbamos todos yo fui el último en despedirme. Quería saber su nombre. Le dije:
-Chau, ¿Cómo te llamas?
-Emilia. Y me miró con unos ojazos que quedé enamorado. Quedé perdidamente enamorado de ella. Me atraía y me gustaba. Ese día la agregué a Facebook. Al día siguiente ya hablaba con ella por Messenger. Emilia y yo éramos parecidísimo, muy semejantes. Escuchaba la misma música hablaba muy parecido a mí (versión femenina). Fuimos a una fiesta. Una reunión. Era cumpleaños de nuestro amigo Ramón. Llevábamos ya tres meses saliendo a reuniones juntos y también la invitaba a comer a lugares. Fue en ese cumpleaños el día que le caí. Recuerdo la fecha, 12 de Setiembre. Nos besamos desmesuradamente. La dejé en su casa y me fui a mi vivienda.

Pasé muchos meses lindos con ella. Hablábamos bastante y había mucha libertad en nuestra relación. Pero una vez en una reunión en casa de una amiga de Emilia una amiga suya dijo:
-Oye, tú no hablas ¿no? Y me señala.
Le respondo: Sí hablo, hasta a veces de más.
Comencé a besar a Emilia y en una le dije:
-No hablo porque tú me comes las palabras.
Ella se rió. Y me dijo:
- Te amo. Yo no sabía si decirle lo mismo. Pero en fin me arriesgué y le respondo diciendo:
-Yo también te amo, Emilia.

Un año más tarde ella me terminó por una tontería. Fue tan tontería que ya ni me acuerdo qué era. Sigo buscando chica. Pero soy un huevón, un cojudo. Llamaré a Emilia. Cojo el teléfono y la llamo. Me contesta.
-Aló.
-Hola Emilia, Soy yo. ¿Me recuerdas?
-Claro. ¿Cómo estás? Pucha, tiempo que no te veo.
-Sí, tiempazo. Oye, ¿Qué planes para hoy en la noche?
- Nada. ¿Por qué?
- Te quiero invitar a comer y después irnos al cumpleaños de Cecilia.
-Ya, perfecto vente por mi a las ocho.

¡Dios santo! Saldré con Emilia. Qué alegría. Bueno, esta es la historia de amor más corta. Y que espero que sea la más larga y la única.

2 comentarios:

  1. Me enamoré de Emilia... me hace acordar un poco a Teresa Mancini (No me esperen en Abril).

    ResponderEliminar
  2. :)

    No puedo comentar nada más.
    Solo te digo que me dejó una sonrisa en la cara.

    ResponderEliminar