Cuento Largo.
Dedicado a: Sofía
La vida de Alejandro fue bonita, nadie lo jodía y se podía decir que él era un líder nato.
Sus años fueron lentos y de pocas experiencias. Fue el séptimo de nueve hermanos. No fue planeado por sus padres pero según ellos Alejandro fue muy esperado.
Haremos un viaje del tiempo e iremos al año 1992. Día catorce del mes de julio. El Padre de Alejandro se encontraba nervioso, era su primer hijo varón.
A la hora que nació Alejandro daba uno gritos fuertísimos. La madre, Clara, en la mente decía Seguro que es cantante, que buenmozo que está. Obviamente Los gritos siguieron hasta que una enfermera de cara amarga, mirada severa y nariz respingada se lo lleva.
El padre de Alejandro, el señor Fernando Basurto, estaba lleno de júbilo, quizás en la Euforia.
A los diez meses siguientes Alejandro dio sus primeros pasos. Era un niño ágil y mosca. Nada se le pasaba. Sus padres lo querían mucho y Alejandro a ellos. Aunque es algo difícil de creer Alejandro los quería y muchísimo.
Obviamente que ese querer no duró mucho ya que pasaron un año y nació Felipe, un niño más guapo y menos gritón que Alejandro. Ese niño se quedó con todo el cariño hasta que un año más tarde nació Gonzalo que era un bebe que vivía lleno de júbilo y alegrías. Esos bebes que carcajean de todo.
Alejandro quedó olvidado. Felizmente que el señor Fernando era un hombre adinerado y que ha sus hijos mayores los matriculaba en colegios muy caros y buenos.
Alejandro era atendido por Petronila, la empleada. Ella era de piel oscura, pelo negro y ojos de color pardo sombrío. Tenía una mirada risueña y muy dulce tanto así, que Alejandro prefería por mucho a Petro que a su propia madre que ya casi no le podía prestar la atención posible.
Cuando Alejandro tenía cinco años a él lo matricularon en el colegio Inmaculado Corazón. En ese colegio el la pasaba muy bien. Simplemente no hacía nada. Todo le parecía estupido y fuera de lugar. Algo que lo fastidiaba mucho era que cuando se tenía que formar fila había cuadraditos en el cual tú te ponías.
Alejandro era un chico líder. Pero era esos líderes del carajo. Él marcaba lo suyo y lo que decía era LEY. Nadie podía decirle un “Oe huevón creo que no es así”. Al que decía eso Alejandro le zampaba un par de buenos puñetes en la cara. Eso el gustaba a Alejandro, que el podía golpear y descargar su furia contra los idiotas que le daban la contra y las misses no lo veían. Lo que pasaba era que eran demasiados alumnos.
Alejandro no iba a los simulacros de temblor o de incendio. Para él eso era una perdida de tiempo. En realidad en estar en una clase era una perdida de tiempo para él.
El colegio es para los imbesiles que no saben nada. Pensaba Alejo.
Así es, le decían Alejo. Era su alias, apodo, seudónimo y remoquete.
Alejo quería tener amigas pero el problema era que no las encontraba. Él iba a un puto parque del distrito de Miraflores y no encontraba mujeres. Alejo quería tener una amiga para saber cómo piensan las mujeres.
Un día encontró una chica. Esa chibola era de pelo gringo ojos celestes y mirada tranquila. Ha Alejo le dio confianza y dejó a Petronila hablando con las demás empleadas y él fue tras ella.
-Hola me llamo Alejo.
-Mmm que feo nombre.Dijo ella despacio. Qué edad tienes ah.
-Yo tengo 6 años. Miente Alejo.
-Yo tengo 5.
-¿Cuál es tu nombre?
-Mi nombre es Sofía. ¿Te gusta mi nombre? Pregunta la niña.
-Me encantas…me encanta. Dijo Alejo tartamudeando.
-Bueno me tengo que ir Adiós. Dijo Sofía.
-Espera. Dice Alejo y le coge el brazo a Sofía.
-¿En qué colegio estás? Yo estoy en el inmaculado.
-Yo estoy en el Kinder del San Silvestre.
Ella fue la chica que a Alejo le gustó. Pero obviamente se dejaron de ver ya que a él le llegaba al huevo todo. Él era un chico rudo, nada el importaba; siquiera él mismo.
Por ahí se veían una que otra vez, Casi nada.
Tras terminar el Kinder Alejo se graduó con honores. Él no se lo esperaba, ya que no prestaba nada de atención en las clases. Además, tuvo un record de inasistencias. Nunca faltó a clases.
Llegó el verano y como todos los años la familia Basurto se iba al balneario de San Bartolo. Ha él le gusta el mar. Se metía desde el primer día que iban. También iban al Club Náutico de aquel lugar. Alejo la pasaba solo. No quería que nadie lo viera, el imbesil que lo veía Alejandro les sacaba la reconcha su madre.
Había veces en que se le daba por estar con su familia y paraba a full con ellos.
Alejandro le pidió a su papá que este verano él quería dormir solo. Sin Felipe y sin Gonzalo.
Alejo se llevaba bien con sus hermanos menores pero él ya se sentía grande. Ya tenía seis años de edad, ya era todo un varón.
Su padre le dijo que no y que no le perjudique más las cosas. Eso a Alejo le jodió más que nada. Eso para él era una traición, una canallada y una estupidez. Porque era solo poner un cuarto. Tú tienes un cuarto inmenso y yo uno normal pero compartido. Viejo tacaño. Se decía Alejo consigo mismo.
El cuarto lo compartió. Pero todas las noches se quejaba solo. Ya no le decía nada. Él sabía que lo que decía su padre era la norma. No se puede cambiar por nada en el mundo.
Alejandro era adicto a las peleas. Solía irse donde están los niños pobres que limpian los carros a buscarles mechas. Obviamente el les saca la reputa de sus madres.
Pero un día se peleó con un chico que entre los dos se daban. Ese chico era dos años mayor, pero eso le importaba nada a Alejo y siguió peleando con el chico hasta que el chico le mete cabe y Alejandro cae al suelo y para colmo se hace heridas en los pies y las manos. Fue en ese instante cuando se apareció Carlos, el primo de Alejo. Carlos tenía doce años y se empotró contra el rival de Alejandro y le metió un puñete que de seguro el chico ahora, tiene la mandíbula invertida.
Carlos lo llevó a casa de Alejandro.
-¿Qué le pasó a mi rey? Pregunta la señora Clara.
-Me caí mamá, nada más. Sólo son un par de rasguños. Dice Alejo haciéndose el bacán.
-Felizmente que mi hijo es un fortachón. Dice Clara.
-Bueno voy a bañarme. Dice Alejandro.
-Chau tía. Se despide Carlos.
-Chau hijito. Dice la señora Clara a su sobrino. ¿Te ayudo a bañarte?
-No mamá. Eso es para los bebitos. Yo ya soy grande. Pronuncia Alejo.
Se iba con pose de fuerte. Según Alejo él era el más fuerte.
Al la hora de bañarse Alejo siempre tenía agarrado su pinga. Con la derecha se jabonada, se echaba shampoo todo lo que se hace cuando alguien se baña. Por otro lado, con la izquierda se agarraba su órgano genital. El decía: Los hombres tenemos que ser orgullosos de tener algo que las mujeres no pueden tener.
En la hora de la cena Lola, empleada, le daba de comer. Alejandro era una mierda comiendo, No sabía y no quería aprender pero, cuando llegaba algún invitado él sacaba de una patada en el poto a Lola y comenzaba a comer. Intentar a comer.
Alejo quería ser tablista. Se ponía en el muelle y saludaba a todos los surfers que se encontraban por ir al mar. El saludo de Alejo era el siguiente: Habla broer.
Él se sentía uno de ellos. Los surfers cuando lo veían le decían: Chatín, el chatín del muelle.
Alejandro fue invitado a un cumpleaños de su colegio. Él no quería ir. Decía que eso era para los bebés y que él debía ir al gimnasio y no estar con esos chibolos.
Mami cuando entenderás, yo soy grande y los grandes vamos al gimnasio. Eso repetía siempre Alejo.
Alejo era fanático de los juguetes pero todo lo tenía escondido. Nadie podía ver que tenía un juguete. Para él eso era de bebés.
Los guardaba con los juguetes de sus hermanos. Pero, el no jugaba solo contemplaba.
Eso sí, jugar era de bebitos y contemplar era de grandes.
Alejo siempre veía a su padre contemplando las gastosas obras de arte que él compraba.
Cuando Alejandro cumplió 10 años el tubo su primera “pendejada”. Lo que hizo fue tocar el culo a toda chica que veía. Lo hacía de manera profesional. Muy cauto y prudente a la hora de hacer debido acto.
Una vez lo descubrieron pero el inmediatamente sacó su carisma de lider y nadie le creyó a la pobre mujer.
A partir de los once, Alejo cada vez que se levantaba gritaba hacia el Sur. Nadie sabe el por qué, ni él lo sabe.
Alejo se masturbó por primera vez a los doce y medio. Estaba en una pijama party o como le decían ellos paja party. Alejandro veía como los demás chicos lo hacían pero no eyaculaban. Alejo siempre decía: Yo no me pajeo con ustedes, todos son unos maniceros. No quiero que vean a mi Boa constructora.
Pues lo que decía él era verdad. Sus amigos tenían su pene más pequeño, muchísimo más pequeño. La de Alejandro medía alrededor de 15 centímetros. La de sus amigos tan solo 10 centímetros.
Alejo no se masturbaba en frente de ellos porque él era bueno. Él quería evitar envidias o celos de parte de algunos de sus amigos.
Cuando Alejo cumplió catorce años él era el alma de las fiestas o de cualquier lugar. Todo lo podía poner él.
Alejandro antes de cada reunión o de alguna fiesta él se metía una paja fuerte. No veía porno pero se imaginaba a chicas guapas de la alta sociedad Limeña.
Alejo ponía siempre alrededor de doscientos soles cada reu. Compraba Ron, whisky, vodka(solo para damas). Todo de una muy buena calidad.
Un día Alejandro salió con Gustavo. Gustavo era un chico de quince años, estaba en el mismo colegio que Alejandro y además era la persona más borracha de esa edad.
Comenzaron a caminar y Gustavo se encontró con unas amigas que se ubicaban en la parte de el final. Gustavo fue a saludarlas, Alejo también saludó.
Mientras Alejo saludaba una chica otra chica de pelo rubio y ojos celestes lo miraba.
Para Alejandro esa chica le parecía a una niña que fue amiga de parque.
A la hora de que la saludó le dijo:
- Hola qué tal, mi nombre es Alejandro pero todos me dicen Alejo. Tú, ¿Cómo te llamas?
La chica de mirada tranquila, pelo rubio y ojos celestes lo mira y le responde:
-Mi nombre es Sofía. ¿Te gusta mi nombre?
-Me encantas… me encanta. Dijo Alejo tartamudeando.
-Tú ibas al parque de la estatua gigante ¿no?
-Claro. ¡Ese era mi parque favorito¡
.Yo también iba. ¿En qué cole estás?
-Santa María. ¿Tú?
-San Silvestre,
- Ah mira. Dice Alejo pero con pose sobrada.
Siguieron conversando por unos 10 minutos.Alejo había conseguido el teléfono de Sofía y además su E-mail.
Nunca la llamó. Nunca la agregó al Msn. Alejo dice: Si las mujeres no vienen a mis pies yo no actúo.
Sofía no se preocupo mucho, tampoco lo llamó o lo agregó. Ella tenía el mismo (tonto) lema.
Después de un año Alejo se molestó y agregó a Sofía. Ella acepto la invitación. Hablaban por largas horas. Sofía se reía mucho con las estupideces que hablaba Alejo. Ella se dio cuenta que Alejandro era un chico que pensaba muy parecido a ella. Eso le gustó a Sofía. Además que Alejandro era un chico culto. Le gustaba aprender cosas nuevas y pero igual decía: Al colegio no voy más, todos son una tira de huevones.
A los meses Alejo invitó a Sofía a salir por ahí. Salieron a Larco Mar . Fueron al cine y después a tomar helados. Se sentaron en las bancas de Laritza y ahí Alejo le dice:
-Dejaré todo por estar contigo.
-¿Qué? No entiendo.
-Es que me gustas. Eres una chica que me atrae como ninguna, me pareces la cagada.
-¡Ay! Qué lindo. Pero… ¿No crees que debamos conocernos más?
-No lo creo. Yo veo en tu mirada que te gusto.
-¿Qué te pasa? Yo ya te dije que no, que prefiero conocerte más.
-Está bien. Bueno, te llevo a tu casa ¿ya?
-¿Vamos en taxi?
-Qué taxis. Mi chofer está en el estacionamiento.
-¿Sí? Qué chévere.
-No es la gran cosa, te dejaré en la puerta de tu casa.
-Ya, perfecto.
Alejo tenía un Volvo negro del año 2004. Conversó todo el camino, además, era corto el camino.
Alejandro tenía una sola duda: ¿Cómo me despido de Sofía? ¿Beso en la boca o Beso normal en el cachete?
Llegaron a la puerta. Alejandro hace algo que en su vida lo había hecho. Se paró antes de que su guardaespaldas lo haga y le abrió la puerta a Sofía. José el chofer se quedó impresionado por la amabilidad del joven Alejandro.
La casa de Sofía era una casa moderna, parecía que la habían hecho al gusto.
-Bueno, la pasé súper bien. Me ha encantado estar contig….
De repente Alejo la besó mientras ella hablaba. Fue un beso largo y lleno de saliva. Los dos se besaban, al comienzo Sofía no quería pero después ella cedió.
Dejaron de besarse y ni ella ni él pronunciaron una palabra. Alejo en su interior decía: De aquí nadie me para, al primero, me lo reviento a patadas y le digo a mi empleada que le corte la pinga.
Hubo diez salidas más que eran igualitas. Salían discutían y al final un beso largo lleno de furor adolescente.
El problema llegó a la décima salida. La dejan en la puerta a Sofía e iba a pasar el beso de las salidas. Se acercan a la puerta y comienzan a besarse de pronto, su papá sale y los ve besándose.
-QUÉ MIERDA PASA AQUÍ .¿QUIÉN ERES TÚ? Y señala a Alejandro.
-Hola señor. Yo soy Alejandro Basurto. Soy el enamorado de su hija y pensamos tener hijos. -¿QUÉ? Tú, el enamorado de mi bebita.
-Papá, ¿Qué te pasa? Sí pues, es mi enamorado. Dice Sofía con tono de desafío.
-Pasa a la casa caracho. Y tú muchachito _ señala a Alejandro_ No te quiero ver más. Aléjate de ella. ¿Ok?
-ÁNDATE A LA CONCHA TU MADRE. Dice Alejandro dos segundos después lo patea en las costillas.
Alejandro salió dándole la espalda al papá de Sofía, se sentó en su Volvo y se marchó.
Se dejaron de ver pero nunca de hablarse y decirse un simple: Te quiero.
Pasaron seis meses para que se vuelvan a ver. Se fueron al cine. No vieron la película sólo se besaron y tiraron canchitas a los demás espectadores..
Ala hora que Alejandro deja a Sofía en su casa él le dijo que quería entrar a su casa. Al comienzo ella le niega pero al final ella cede. Siempre era así. Al comienzo era un NO pero después era un Sí.
Entró y le gustó mucho la casa.
-Déjame entrar a tu cuarto.
-¿Para qué?
-Para robarme un calzón.
-¿Qué?
-Mentira. Sólo quiero ver cómo es.
Entraron al cuarto. Era celeste, con cosas muy modernas. Conversaron. Se besaron.
A las dos horas se fue Alejo.
Alejo entra a la Universidad en el primer puesto. Comenzó a estudiar Literatura. En el trascurso de su primer año en universidad él escribió un Libro. Lo publicó en la editorial de su tío. Ganó mucho dinero y comenzó a vivir solo.
Se mudó a un departamento por la avenida Arequipa por la parte de Miraflores.
En su segundo año de universidad Sofía comenzó a vivir con él.
Era un amor de colegio que se convertía en un amor de universitarios, llenos de nuevas ideas y nuevas propuestas para el mundo.
Comenzaron a tener relaciones sexuales. Cuando Alejo tuvo su cuarto año de universidad el escribió otro libro que fue publicado. Ganó más plata que la vez pasada.
De pronto, Sofía sale embarazada. Ella estaba en el tercer año de estudios, estudiaba Psicología.
Estaban muy emocionados. No sabían que nombre ponerle. Los papás de Sofía estaban muy molestos por esta irresponsabilidad. Los padres de Alejo estaban felices.
A los 7 meses nació. Un niño prematuro. Se llamó Gabriel.
Alejandro lo engreía más que nadie. Era la primera vez que Alejo estaba feliz. La primera vez que algo suyo lo hizo feliz. ¿Por qué Alejo vivía en una realidad tan distorsionada? ¿Por qué creía que era el mejor y que nadie le ganaría?
Años más tarde tuvo otro bebé, era mujer y su nombre fue Camila.